Cómo me enamoré del buenorro de mi marido

¡Buenas tardes hortera!

¡Hoy es mi aniversario de boda!. Tan solo hace cuatro años que me casé con mi actual marido (al anterior lo maté). Y digo “solo” porque teniendo en cuenta que tenemos tres hijos, todo este tiempo ha dado para mucho.

Escribo este post principalmente para darle una sorpresa. Hay quienes dicen que además de estar enamorada también hay que parecerlo, y no hay mejor fórmula que hacerlo público. Además, quienes me conocen personalmente saben que hablar en público no es mi punto fuerte, así que un post escrito con tiempo es la mejor de las opciones. De hecho, y volviendo al tema de mi oratoria, el día de nuestra boda, hice el ridículo más espantoso que puedas imaginarte. No, ningún niño me pisó la cola y me quedé en bragas camino al altar, pero teniendo en cuenta que cuando me pongo nerviosa tartamudeo y me encallo en la sílaba más simple, pues en momentos de micrófono durante el banquete, no me hubiera importado morir de la forma más dolorosa. Y por si esto fuera poco, tuve que competir con un marido acostumbrado a hablar en público y oculta-discursos-sorpresa. Me hubiera encantado que el cámara me enfocara en el momento en el que el susodicho sacaba su móvil (todo muy 2.0) para leerle a su madre unas palabras. Si lo hubiera hecho, le hubiera pedido al cámara que editara el vídeo añadiendo risas de fondo cual serie americana. Algo así como “la madre que lo parió…” se me pasaba por la cabeza en esos momentos. Además, no te vayas a pensar que el cabrito escribe mal, no no. El tío consiguió ponerle música de Celine Dion a su speech, y con ella, nudo en la garganta en todos los que le escuchábamos. Mientras, yo me daba ánimos a golpe de: “tranquila tronca, tú puedes, saldremos adelante”. Pero no, me tocaba a mí, y cogiendo el micrófono con manos temblorosas y resbalantes, solo algo así como “os quiero mucho, gracias por todo” fue lo único que pude decir dignamente. El resto, no eran frases construidas con sujeto y predicado, así que obviémoslo.

Así que este post, es mi revancha cariño, ahora vas y lo cascas superas.

Pero vamos a empezar por el principio para que conozcas nuestra historia. El 1 de julio de 2012, por aquel entonces trabajando en El Corte Inglés en una firma de maquillaje, vino una compañera a mi counter para invitarme a ver la final de la Eurocopa a casa de unos amigos de su novio. Enseguida pensé que no tenía ganas de pegarme otra juerga después de haber dormido únicamente tres horas la noche anterior, con motivo del día del orgullo gay en Chueca. Pero de repente, me vino ella a la cabeza (todo muy superficial y a la vez muy profundo). Ahí estaba mi ángel de la guardia avisándome de que ni se me ocurriera decir que no (si no sabes a quién me refiero, te invito a leer este post). Así que tras rechazar la propuesta por falta de sueño, accedí a ir.

Yo por aquel entonces tenía poco que ver con la reciente versión de mí misma. La melena rosa contrastaba con mi vestimenta y piercings negros. Además, aquel domingo fue uno de esos días soporíferos en los que, poseída por el aburrimiento de un día festivo de curro en el Corte, me puse todas las purpurinas posibles en los ojos y varios degradados de colores en los labios. Vamos, un cuadro, literal.

Pero seguimos, que me pierdo. Llegamos a esa preciosa casa en Pozuelo, y ahí estaba él. También uniformado con la camiseta de la Selección, pero a punto de reventarle por unos bíceps descomunales. Y amig@, a mí me gusta más un músculo que un tonto un lápiz, así que lo metí directamente en mi lista de posibles ligues.

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Ahora lo entiendes todo, ¿verdad? (emoticono gracioso para quitarle superficialidad al comentario)

Lo que te esperas de un tío tan atractivo, a lo “Mujeres y Hombres y viceversa”, es que el tamaño de sus músculos sea inversamente proporcional a su capacidad para pensar coherentemente, y la historia fue bien curiosa porque luego abrió la boca, y… ¡conjugaba bien los verbos!. Bromas (y prejuicios) aparte, si hay algo que caracteriza a mi marido es lo correcto y educado que es, además de la paz que transmite cuando habla. Esto último lo hace poco porque es muy tímido, pero cuando lo hace, te sorprende el contraste. Yo sin embargo, hablo todo el rato y en volumen para sordos. De paradojas va esto.

Hubo un momento en el que sus amigos, haciendo de alcahueta, nos dejaron solos esperando a que nos animáramos a darnos el lote (todo muy fino y discreto), pero chic@,  todos sabemos que eso no iba a pasar. Debe ser algo educacional (Disney tiene mucho que ver, fijo), no lo sé, pero cuando me gusta alguien, todo lo que tengo de habladora me falta de valiente, y no iba a ser yo la que diera el primer paso, no señor, a mí me tenía que conquistar. Habrase visto…

La cuestión es que tras la euforia de ganar el partido, cogimos un taxi y después de una conversación un tanto profunda (hablamos de la familia, cotilla), llegué a la conclusión de que me gustaba de verdad, más allá del efecto flotador de sus brazos. (Por no hablar de que cuando acabó el partido, todos los machotes con voces de princesa y al son de “como no te voy a querer”, se metieron en la piscina y… OMG sus abdominales… pásame el pan, anda…).

Me centro y sigo. Bueno, pues tras insistir un par de veces para quedar, un año y medio más tarde estábamos prometidos, y seis meses después, en el altar.

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La luna de miel en África, dio para mucho. Fuimos dos y volvimos tres. Y tras Lucas, vino Lis y la pequeña Noa.

Y ahora si me permites, voy a dirigirme solo a mi marido y cambio de persona (Celine Dion, cuando quieras):

Nuestro noviazgo fue sin duda la mejor de las épocas que hemos vivido. ¡Qué felices fuimos!. Y es que estábamos en esa etapa del enamoramiento en la que todo tiene ese brillo de las primeras veces.

Ahora nuestro día a día, está lleno de obligaciones: los niños, el trabajo, la casa, la ropa, la compra… Llega la noche y apenas nos queda energía para el otro. A veces, incluso viviendo juntos, te echo de menos. ¡Y bendita sea esa sensación!. Con el tiempo, y mientras nuestros hijos nos ven queriéndonos, recobraremos el tiempo perdido en forma de viajes (póngame uno a Maldivas, por favor), fines de semana románticos y cenas en restaurantes con platos grandes y comida pequeña.

Te confieso que hay épocas en las que siento que te quiero menos. Y es entonces cuando me doy cuenta de que llevo un tiempo esperando a que me quieras con algún detalle/sorpresa, en lugar de quererte yo con obras. Ya sabes lo que el pesado de tu suegro repite siempre a modo de mantra: “el amor no es un sentimiento, es la voluntad de querer al otro. Es el querer querer”. Una vez que me doy cuenta, es cuando vuelvo a la lucha y el sentimiento vuelve a acompañar. Perdóname por ese tiempo perdido.

Aún y con nuestras épocas distantes (ya sea por el sinfín de obligaciones diarias o por mi falta de generosidad), soy inmensamente feliz a tu lado. Siento esa felicidad cada vez que oigo las carcajadas de los niños y pienso en la maravillosa familia que estamos construyendo. O cuando veo a Lucas consolando a Lis con un abrazo, nos miramos y pensamos en que si lo hacen ellos es porque lo ven en nosotros. O cuando hacemos planazo de burger guarra a domicilio y nos tumbamos en el sofá mientras los tres niños milagrosamente duermen. A pesar de que, en ocasiones, te dé la matraca con hacer algo novedoso, excitante o en la mayoría de los casos, muy caro, en lo sencillo, en nuestro día a día, también soy muy feliz, porque tú eres lo único que me hace falta.

Qué difícil es expresar el amor en palabras. De repente un montón de frases, sacadas de películas “chorra” o canciones del Ubago, me vienen a la cabeza y no soy capaz de decir nada genuinamente mío. Pero, aunque consiguiera expresar la intensidad de lo que siento por ti, lo importante no es eso. Siempre querré quererte, y eso es todo lo que, de verdad, tiene valor.

Y al resto que pasa por aquí a leer semejantes cursilerías, ya puedes ir a pincharte insulina, pero antes, como siempre, ¡gracias por leerme!

2 Comments

  • Reply Raquel rollan 5 julio, 2018 at 5:54 pm

    Ole!!!! Lo comparto!!!😍🤣 Me encanta q la gente explique lo real y bonito del matrimonio sin cuentos de princesas o ñoñerias…! Q ganas de conocerte!!! Y q me firmes un autógrafo 😂😂😂😎 dile a mar q te traiga por Aragón q estamos cerquita y os saltais la dieta a mi costa😍😘😘

    • Reply Lis Valera 5 julio, 2018 at 6:34 pm

      Jajajjaja para cuando ese viaje por Dios!?!? Lo del autógrafo como que no acabo de verlo. El día que escriba un libro, te lo firmo 😂. Te mando un abrazo fuerte y te agradezco muchísimo tu mensaje

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