Cómo recupero el body después del embarazo

¡Buenas tardes hortera!

¡Menudo temita tengo hoy entre manos con este post! Si hay algo que me preguntan después de tener a mis hijos, es cómo lo he hecho para recuperar tan rápido el tipín (si no me lo digo yo, ¿quién?, ¿eh?). Mi respuesta es siempre la misma, cuidarse en el embarazo, todo lo que las náuseas y la voluntad te permitan, y una vez habiendo tenido al peque, con esfuerzo.

Lo último parece obvio, ¿verdad? Pues no lo es y te pongo un ejemplo. Hace unos meses, mis hermanas, una de ellas con una peque de 1 año y otra casi recién parida, me pidieron ayuda para perder esos kilos que hacían que no quisieran enfundarse un bikini, y que además empezaba a costarles problemas de autoestima. Así que empecé creando un grupo en WhatsApp y les dí las pautas necesarias para ir perdiendo peso progresivamente. Después de unos días, una de ellas me dice, así literal, “oye, yo no sé si seré capaz de perder peso, esto cuesta mucho”. “Ay amiga… ¡pues claro!” pensé. Y digo pensé, porque lo que le dije iba más en la línea del “serás idiota…¡pues claro!. (Ya sabes que a las hermanas cuanto más las insultas más las quieres, y yo quiero mucho mucho a las mías).

Pero y yo me pregunto, ¿qué cuesta más?, ¿verse, día tras día, mal en el espejo? o renunciar a esa burger con patatas fritas a domicilio, un viernes noche?. La burger chorreante es tentadora, lo sé, pero no hay nada como calzarse ese vaquero sin elastano que te hace culazo. Ese mismo que fue el causante de conocer a tu actual marido y que te cabía antes de quedarte embarazada (historia verídica, lo de “mueven más dos t**** que dos carretas” lo inventó una sin-culo). Por no nombrar la satisfacción de cuidarse que aporta el comer saludablemente y estar activo.

Así que, después de animarlas a que bien valía la pena el esfuerzo por esa autoestima mermada, les enumeré, cual mandamientos de la ley, los siguientes puntos:

  1. Crear déficit calórico. ¿Y-eso-qué-e-lo-que-e?, pues básicamente lo es todo. Si comemos más de lo que gastamos, no se pierde peso. Así, sin más. Y para conseguirlo, o te mueves más o comes menos y mejor.
  2. ¡Moverse!. Yo lo tengo fácil con tres enanos, un colegio a 20km de mi casa sin coche,  y las tareas de ama de casa. Pero sino, el gimnasio, en este caso la clase de zumba, era buena opción para ellas.
  3. ¡Mucho agua!. Un cuerpo deshidratado no quema grasa. Así que hacerse con una buena botella de 1,5L e ir rellenándola, era parte del plan.
  4. Dormir lo máximo posible. Y digo máximo posible, porque las dos son mamis, y ya sabes que las noches son para los bebés, el irse de copas para los adultos.
  5. Controlar porciones. El plato de pasta descomunal a lo Tagliatella, no es opción. Calóricamente hablando, es mejor hacer protagonista del plato a los hidratos fibrosos (verdura) y proteínas, que a los almidonados (pasta, arroz…) o las grasas.
  6. Eliminar el azúcar de la dieta. Y por azúcar no me refiero solo al blanco de toda la vida, sino a las versiones más rebuscadas que, al leerlos en etiquetas, no sabemos ni lo que son. Aquí te dejo unos cuantos: jarabe de glucosa, jarabe de maíz (jarabe caca, ya sabes), glucosa, fructosa (-osa caca, más), néctar de coco, panela, azúcar de coco, sirope de ágave, miel… Todo muy triste. ¿Y los edulcorantes? no son inocuos y tampoco deberíamos abusar de ellos, pero la excepción no es un drama.
  7. Proteína en cada comida. La proteína sacia mucho y aunque es igual de calórica que el hidrato de carbono, en la digestión gastamos parte de esas calorías. Por proteína me refiero también a las fuentes vegetales que, a priori, no conocemos como tal (frutos secos, legumbres…).
  8. Evitar los hidratos de carbono en meriendas y cenas. Ahora todos los nutris y  realfooders que hay en la sala, pueden lapidarme. Y es que en el mundo del fitness siempre se ha sentenciado a los carbos a partir de la comida. Se creía que a partir de las 16h aproximadamente, los depósitos de glucógeno ya están llenos y el excedente se acumula como grasa a no ser que se queme (o sea, paliza en el gimnasio). Pero hay evidencia científica en contra de esta teoría. Como yo no soy nutricionista y siempre he conseguido bajar de peso bajo esta pauta, no quise jugármela con ellas. Aunque entiendo que si hay déficit calórico, qué mas da cuándo tomar los hidratos de carbono. Así que quédate con eso.
  9. Hacerle la peineta a los ultraprocesados. Aunque estoy enganchada a ciertas barritas de proteína a las que no me resisto de vez en cuando, no es una opción para diario. Más bien son buena alternativa para el plan “amiguil” de cafetería y donut (últimamente cuando digo donut, me suena en la cabeza eso de: “¡cómeme el donut!”)
  10. Simplificar comidas. Las recetas de postres fit muy elaboradas de la blogger de turno, con muchos ingredientes todos poco conocidos, no suelo aconsejarlas hasta que no se domine qué macro (proteína, carbohidrato o grasa) es cada alimento. Es fácil pasarse, tanto en porciones como calóricamente hablando. Y la verdad, aquí no estamos para sufrir, es mejor ir a lo seguro.
  11. Beber calditos como primer plato antes de comer. Fácil, si te llenas la panza con líquidos o alimentos poco calóricos, te sientes saciada y le ganamos la batalla a los atracones de nevera nocturnos.
  12. Comer vegetales crudos cuando hay hambre entre horas. Tener a mano unas zanahorias, unos pepinos, o mi último descubrimiento, un pimiento, te salvan de picar snacks poco saludables.
  13. Elegir entre grasas o carbohidratos como fuente de energía principal en comidas. Por una cuestión calórica, les hacía elegir, por ejemplo, entre añadir arroz (hidrato) o aguacate (grasa), a una ensalada. Esto no es una máxima, pero es un truco que ayuda para evitar estar contando calorías.
  14. Huir de los alimentos DietPero ¿no estamos a dieta? sí, pero son una estafa. Esos yogures monísimos, en colores pastel, con una tía buenorra enganchada, suelen ser bajos en grasa pero están cargaditos de azúcares. #Atomarporsacolabicicleta. Desde el principio de los tiempos, hemos creído que la ingesta de grasa se transforma en grasa corporal. ¡Y nooooo! Es preferible escoger ese yogur soso, blanco y azul, con una margarita enganchada, y hecho a base de leche de vaca entera, al de la buenorra.
  15. Hacer una comida libre a la semana. ¡A esto no me pusieron pegas! Y que conste que tampoco se trata de “ponerse como el Quico” y cargarse el déficit calórico semanal. Así que control.

Su reacción tras leerse toda la información, no se hizo esperar. Pero antes te pongo en antecedentes para que las conozcas mejor. Mi hermana pequeña es de esa clase de persona que se quedó anclada en el “Happy meal” de Mc Donalds. Su alimentación se basaba en cero verde y su frase favorita en la sobremesa era: “esto no me gusta”. El comedor oficial, en su infancia, era el garaje. Y la mayor, todo lo contrario, su plan favorito consiste en comer cuanto más “extraño” mejor, la sección “Deluxe” de Lidl es su favorita y su capacidad para simplificar, culinariamente hablando, es nula. Su comedor infantil también era el garaje, pero creo que por todo lo contrario. Ahora que ya es adulta, creo que su problema residía en que nada estaba demasiado elaborado. #laniñapijaesta…

 

Como ves ni el chocolate negro, ni los espaguetis de calabaza, ni el tofu le gustaron a la del menú infantil

 

El móvil pre-dieta era caber en un vaquero de una talla anterior al embarazo (poder metérselo y respirar a la vez, ojo), pero hubieron momentos en los que lo hubieran quemado y claudicado con el plan. Vamos, lo que viene siendo absolutamente normal. La motivación fluctúa, y se necesita fuerza de voluntad cuando el sentimiento no acompaña. Bueno, fuerza de voluntad y hacer equipo. Sin duda, esto último, ha sido clave para no rendirse. Te pongo algún ejemplo de esos momentos bajos que, por supuesto, afrontamos con guasa:

 

 

Y ahora que sabes en qué consiste y cómo lo han ido llevando, te cuento cómo medíamos el proceso de pérdida de peso:

  1. Pesarse una vez por semana, los viernes concretamente. ¿Por qué ese día? porque solemos “pecar” durante el fin de semana, y un estímulo como lo es ver un número inferior en la báscula, hace que nos animemos a “seguir a plan” en horas bajas (churros domingueros, cenitas de sushi con amigos los sábados…).
  2. Hacerse una foto semanal en paños menores, también todos los viernes. No todo es el peso. De hecho, si haces ejercicio de pesas regularmente, éste no es un buen indicador. Es posible que se pierda grasa a la vez que se gane músculo, y aunque no fuera su caso, ver su evolución en fotos era importante para que permanecieran motivadas. (Te puedes imaginar las fotos sexis con caretos de recién levantadas e iluminadas bajo la favorecedora luz del baño, que recibo los viernes…).

A modo de tip, les aconsejé que hicieran una preparación semanal de tuppers o básicos todoterreno. Hervir dos bouquets de brócoli, hornear verduras, hacer una boloñesa fit, hervir arroz integral, son solo algunos ejemplos para facilitar el armar un plato/tupper en menos que canta un gallo.

Y ahora que ya he desvelado todos mis “secretos”, te enseño los resultados de seguir este estilo de vida. El mío en concreto, porque ellas prefieren que sus fotos “calentorras” no se hagan viral, #ironíamodoon. Las fotos son cochambrosas y de estar por casa porque jamás pensé en publicarlas. Pero uno se arma de valor y pasan estas cosas.

La primera foto, es de quince días después de dar a luz. La segunda, es de la semana pasada (tres meses después de parir a mi bollito)

 

Ojo, es mi evolución, cada cuerpo es distinto y tiene tiempos de recuperación diferentes. Pero no deja de ser ejemplo de una buena alimentación, a base de materia prima real en su 90%, y,  por supuesto, de mover el “cucu”. Ahora que ya he vuelto a mi talla, empieza mi proceso de tonificación. Puedes darle el pésame al vecino de abajo, porque en breves empiezo a cabalgar por casa. (¿Gimnasio? imposible. Tres niños, ¿recuerdas?)

Me encantaría publicar la evolución de mis rancias hermanas (fliparías). Pero te diré, que una de ellas ha perdido todo el peso que se propuso, 7kg, y la otra, lleva 5kg perdidos y está a 2 de cumplir su objetivo. Mi premio como hermana-coach, después de nueve semanas “enseñándoles”, son whatsapps tipo: “hoy, por primera vez después de dos años, me he vuelto a ver atractiva en el espejo”. Eso es lo que se gana, AUTOESTIMA. Y bien vale la pena todo el esfuerzo del mundo por volver a ganarla.

 

¡Gracias por leerme! (y por tus ansias de morbo “fotil”, que nos conocemos…)

3 Comments

  • Reply Mar 5 junio, 2018 at 2:56 pm

    Lis!!
    Me ha encantado tu post! Yo estoy en proceso también, no porque haya tenido un bebé (que espero no tardar mucho) sino porque ya había llegado a unos extremos desorbitados.
    Un besito 😘

    • Reply Lis Valera 5 junio, 2018 at 4:14 pm

      ¡Me alegro mucho! Todo lo que se haga en pro de la salud y la autoestima, es bueno!

  • Reply ¿Pan? Porque no has probado mi bagel de coco... - Lis Valera 26 junio, 2018 at 8:49 am

    […] con las recetas, pero es que como sabrás (y sino pues te enteras ahora), me encuentro en plena recuperación post parto y no soporto comer siempre lo mismo. Así que como mínimo dedico un ratito a la semana para crear […]

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