La fórmula de la felicidad

¡Buenas noches horteras!

Hoy ni moda, ni maquillaje ni fitness ni na’. Pero a ver Lis, ¿me puedes decir qué te pasa? Pues que yo no sé si las redes sociales han puesto al mundo en evidencia o es que el mundo ya era así.

¿Y esto a que viene? Te cuento.

Últimamente me conecto a Facebook  como mero pasatiempo post-niños acostados, para cerrar la aplicación, con cierta preocupación, rabia o tristeza. Nos asaltan de forma continua noticias sobre el traje que se le ha hecho a tal modelo por recuperarse rápidamente de su embarazo (qué manía con criticar la belleza, o la falta de ella, del colectivo femenino y por el colectivo femenino), tweets de alegría por la muerte de personas de cierta ideología política, profesión o aficiones, y cientos de desgracias de las cuales siempre hay algún infeliz que se pone creativo aprovechando momentos de rabia acumulada.

De verdad que hay cosas que me entristecen profundamente (además de que me falte la mantequilla de cacahuete), y es el cóctel hecho a base de falta de empatía, maldad y envidia que se toman algun@s a modo de zumo detox todas las mañanas para desayunar, con el único de fin de hacer daño, alardeando además de lo poco falsos que son escribiendo lo que piensan. Hoy en día cualquier persona bajo el lema de: “yo soy muy sincer@”, convierte en lícito lo que es poco elegante, prudente o malicioso.

Es posible que la situación en Cataluña me tenga algo más sensible de lo normal y esté en modo “qué narices le pasa al mundo” pero sería mirar hacia otro lado si publico receta de tortitas fit (que tengo fotografiadas y todo) y no me paro delante del ordenador y escribo sobre lo que últimamente me entristece el corazón y ocupa la cabeza, y es la falta de valores y maldad que las redes sociales han hecho visible y evidente.

Si lo que te cuento te suena a chino (es posible que seas de esa especie de ser humano sentado en el sofá y rodeado de gatos, que no tiene smartphone ni televisión en casa, ni vida social), vete a un locutorio, abre Facebook y métete a leer los comentarios de algunas de las noticias que publican revistas online o páginas de esta red social. Desde luego es un buen entretenimiento para tiempos muertos, pero pone en evidencia la situación que te describo.

¡Cuántos viajes en metro leyendo comentarios sobre noticias de actualidad! Pero luego llego al trabajo, y de éste a casa con mis peques, y siempre llega un momento en el que Lucas, jugando a lo que sea, me mira con sorpresa por algo nuevo que ha descubierto. Suele conjuntar los ojos con la boca, y los abre de forma exagerada mientras suelta un “OHH Mammaaaa”. Le sonrío. Y en ese momento es cuando me doy cuenta de que llevo todo el día sin sonreír de verdad, amargada, y no sé porqué. Investigo. Y voilà. Descubro que fue ese hilo de comentarios en rrss que me enfureció o entristeció, y que unido a cualquier contratiempo, ya hicieron que mi día no fuera lo feliz que podría haber sido.

¿La culpa de esta situación? de todos. Unos por tener el corazón lleno de mugre, y otros por dejar que esa misma mugre se acumule en el propio y ensucie sus vidas.

Habrán quienes crean en el karma, el universo… yo soy de las locas, raras y anticuadas que creen en Dios y en la justicia divina, ya sea en esta vida o en la otra. Y me consuela saber que todo el mal que se haga, vuelve de alguna forma. A veces solo el simple hecho de sentirse mal por hacer o decir algo que no está bien (siempre y cuando no se haya asesinado a la conciencia) ya es la manera de pagarlo. Mi padre, que no lo hay más sabio, está harto de repetir aquello de que el ser humano está configurado para hacer el bien y solo es feliz de esa forma.

Así que deprimid@ de la vida, deja de leer frases inspiradoras “wonderfuleras” en Instagram buscando la supuesta fórmula de la felicidad. Comer hummus rosa con pan ecológico y hacer deporte ayuda, pero si quieres algo que funcione de verdad, cómprate un par de guantes de limpieza, ponte a frotar la suciedad acumulada en el alma y empieza a ser la mejor versión de ti mism@. Yo también me aplico el cuento, ojo.

Sé que me alejo de las temáticas habituales de mi blog, pero aquí la menda también se pone seria de vez en cuando y solo en ocasiones siento la necesidad de decir al mundo, a mi pequeño mundo, lo que me indigna o decepciona. Mil perdones por el cansinismo.

Después de mi retiro bloggero, a esto se le llama: volver dando guerra y lo demás son tonterías. ¿Estás segur@ de que no prefieres mi versión de postureo y que suba receta de tortitas sanotas?

¡Gracias por leerme!

 

 

 

 

 

 

 

 

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