Cómo sobrevivo al embarazo con Trastorno de Conducta Alimentaria

¡Buenas noches hortera!

Cómo sabrás ya a estas alturas, estoy embarazada de mi tercer hijo (sí, yo también cuando pronuncio “tercer hijo” pienso, j**** tía, estás pirada). Y ha sido mucha gente la que se ha interesado por saber cómo es eso de lidiar con la bulimia, una enfermedad que poco tiene que ver con el aspecto físico pero que sí se distrae con éste, estando en estado. Ojo, hablo por mí, por mi propia experiencia. Muy posiblemente mis vivencias disten mucho de las tuyas si eres madre y convives con un TCA.

Pero no te voy a mentir, tengo mis momentos. Subirme a la báscula cada 2-3 semanas no me hace especial ilusión, teniendo en cuenta lo traumático que era subirse a ésta durante los controles diarios en hospitales/centros de TCA, tampoco el que mi barriga y mi culo compitan por ocupar el mayor espacio, ni que la ropa llegue un momento en el que me amenace con inmolarse si no cambio de talla. Esa talla a la que irremediablemente, hace 10 años, estaba condenada si quería tener un peso saludable. Así que no, el embarazo no es un estado del que disfrute.

Que sí, que un hijo es un regalo de la vida, que el cuerpo de una mujer es una máquina perfecta que me alucina, pero no, no cago arcoiris en esta época, no me siento cómoda en mi piel reteniendo líquidos, con ciática y con ropa espantosa y carísima que me veo obligada a comprar, llámame rara.

¿Quieres más? porque tengo muchas otras razones por las que el embarazo no me es cómodo. Además de todos los evidentes fastidios que todas las embarazadas sufrimos, esta etapa es dura porque siempre me remueve a nivel psicológico. Tengo que ponerle cabeza para no volver a sentir esa especie de desesperación por la falta de control sobre mi propio cuerpo al no reconocerme en el espejo, y no es fácil. Irremediablemente me traslado a hace unos años, cuando estaba ingresada en el hospital de día, y se me obligaba a engordar para estar en un peso saludable. Lo único que sentía que podía controlar en mi vida era justamente eso, el número de la báscula. Y aunque con el tiempo aprendes a que tu estado de ánimo no dependa de eso, y aunque esté muy lejos de sentir con esa intensidad ese sentimiento, todavía sigue siendo difícil de gestionar en ciertos momentos.

Aunque la lucha es más llevadera siendo el tercer embarazo (empiezo a acostumbrarme a verme más con barriga que sin ella), tengo recuerdos del primero, en esa revisión de las 34 semanas en la que salí llorando porque la báscula marcó un número que no estaba acostumbrada a ver en los últimos 10 años. Ese número pudo más que ver las plantas de los piecicitos de mi Lucas frotándose entre sí. Pudo más, y el sufrimiento le ganó la batalla a la magia. Pero lo mismo que la bulimia se marcó un tanto en esa ocasión, luego tengo miles de recuerdos maravillosos que ganaron otras muchas.

No es necesario que me ponga cursi (por aquello de compensar toda la negatividad) hablando sobre lo maravillosa que es mi vida teniendo un marido que no merezco y dos hijos quita-penas, bailongos y preciosos. No es necesario, porque es evidente. Pero no por ello dejaré de contar cómo fue y es mi lucha. No, porque no me da la gana ser una de esas madres pinterest-as hiper positivas y un tanto irreales que andan por ahí vomitando purpurina cada vez que hablan de maternidad.

Tengo una hermana con la que comparto estado y con la que solemos meternos el resto por su cursilería en cada descubrimiento/etapa del embarazo. Mientras yo voy hecha un despojo humano con ropa de deporte durante nueve meses, ella se fabrica sus propios vestidos de preñada y disfruta poniéndose lazos debajo del pecho para marcar bombo. Compartimos ADN, pero tenemos historias muy diferentes y  vivimos los embarazos de forma radicalmente distinta. Pero las dos coincidimos en lo importante, que nuestros hijos son lo mejor de nuestras vidas.

¿Y cómo lo hago para mantener mi salud mental a raya y sobrevivir al embarazo? Pues intento comer alimentos que me hagan sentir bien, y digo intento, porque durante el primer trimestre el único menú que me pide el cuerpo para combatir las náuseas es el siguiente: los Doritos como entrante, los congelados La Cocinera de primero, la pizza de segundo y burgers de las malas, de postre. Vamos, mierda. Así que cuando ya empiezo a sentirme mejor, que suele ser a partir del segundo trimestre, es cuando vuelvo a mi alimentación fitness pero aumentando las dosis de carbohidratos en comidas y meriendas y añadiendo caprichos puntuales cuando tengo antojazo. Que el mundo blogueril me perdone.

Para el deporte me encantaría poder alardear de ser una de esas madres runners sudorosas empujando un carrito por la calle a las tantas de la noche y haciendo stories movidos. Pero no, no tengo tiempo, y sabiendo que soy la loca del running-indoor-sin-máquina (hay pruebas en mi Instagram), créeme cuando te digo que no es una excusa. Mis dos hijos, la casa y el trabajo me tienen hiperventilando todo el día, así que lo de arañar horas de sueño, no es una opción saludable que contemple.

El como me visto ya te lo he adelantado. Cuatro básicos que me compré en H&M cuando nació el primero de mis hijos, la ropa de deporte, y los pijamas oversized de mi marido, me salvan de no ir en pelotas por la vida. Aparco el glamour durante casi un año porque priorizo la practicidad a la estética. Soy una blogger cochambrosa y decepcionante, lo admito.

Así que durante los 9 meses que dura esta etapa, ni me merezco el hashtag de #fitmum ni el de #stylist. El #apiádatedemíSeñor o #líbramedelmal son los más apropiados. Pero no me malinterpretes, ni soy una persona negativa, ni me he arrepentido nunca de tener hijos, de hecho no hay nada que a día de hoy me haga más ilusión que darle otro hermanito a mis enanos. Pero el embarazo, después de lo que sabes, no es una época que disfrute. Aunque si te consuela, añadiré eso de: “pero vale la pena”. ¿Contentos todos?

Es una pena que las personas en general y las mujeres en particular, tengamos que ir justificándonos a cada paso que damos, u opinión que expresemos. Pero no voy a repetir la manida queja de las rrss y me limitaré a poner una foto bonita de mi oso, para que me perdones por ser tan mala persona.

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¡Gracias por leerme!

 

 

 

 

 

 

 

3 Comments

  • Reply Raquel 3 octubre, 2017 at 10:52 pm

    Oleee!! Si seguro que en el fondo todas las mamás lo piensan, o eres multimilloneti o el modelo chándal es lo más asequible…y otro ole por tu valentía de reconocer y lidiar con ese problemilla!! Ya me gustaría!!? Lo bueno es q cada día estás menos sola ? felicidades y ya sabes, un refuerzo desde Valladolid!!???

    • Reply Lis Valera 3 octubre, 2017 at 10:52 pm

      Raquel! Eres un amor!! Muchísimas gracias!

  • Reply JuanAntonio 5 octubre, 2017 at 8:25 am

    Lis positiva. Lis luchadora. Lis con buen humor. Lis con gran sentido común, el menos común de los sentidos. Lis guapa por dentro, guapa por fuera, esto es, reversible. Te adoro. No surrender!

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